miércoles, 25 de abril de 2012

GUERNICA EN LA MEMORIA, 75 AÑOS DESPUÉS





"La destrucción de Guernica no sólo fue espectáculo horrible para los que la presenciaron: fue además el objeto de la más gigantesca y absurda mentira que jamás escucharon oídos cristianos», escribía el periodista inglés George L. Steer en su libro "El árbol de Guernica", publicado en Londres en 1938".

El infierno comenzó en la tarde del 26 de abril de 1937. De forma totalmente inesperada, a las 16:30 horas, aparecieron en el cielo de la pequeña ciudad vasca de Guernica los primeros bombarderos alemanes para ejecutar una orden brutal: reducir a escombros esta localidad del norte de España y causar la mayor cantidad de muertos posible, incluyendo a mujeres y niños.

El bombardeo nazi en medio de la Guerra Civil Española convirtió a Guernica hace 75 años en un símbolo mundial del horror militar, del sufrimiento indecible de la población civil en tiempos de guerra.
Pablo Picasso inmortalizó el espanto en su monumental cuadro antibélico "Guernica", aunque algunos expertos sostienen que el genial pintor español ya había iniciado esta obra, destinada a la Exposición Internacional de París de 1937, antes del bombardeo inspirándose en la película "Adios a las armas", basada en una novela del escritor estadounidense Ernest Hemingway.

Durante tres horas y media, los aviones de la Legión Condor, bajo el mando del teniente coronel Wolfram von Richthofen, bombardearon Guernica de forma sistemática. Más del 70 por ciento de los edificios quedó destruido, principalmente por el fuego causado por la gran cantidad de bombas incendiarias arrojadas sobre la localidad.

Hasta el día de hoy no se sabe a ciencia cierta cuántas víctimas dejó la masacre de Guernica, que contaba en ese momento con poco más de 6.000 habitantes, además de numerosos refugiados de la Guerra Civil. Las estimaciones de los historiadores oscilan enormemente, desde 120 hasta más 2.000 muertos, aunque los cálculos más recientes ubican el número real más cerca de la primera cifra.

El número relativamente bajo de víctimas se explica, según los historiadores, por el sistema de refugios para la población civil que se había construido en la localidad vasca tras el bombardeo de la cercana población de Ochandiano, el 22 de julio de 1936, el primero de la Guerra Civil, lanzado cuatro días después de su estallido.
Tampoco existe certeza total sobre el objetivo del bombardeo. Guernica, situada a unos 30 kilómetros al este de Bilbao, carecía de importancia estratégica militar en la guerra entre nacionales y republicanos. Al principio se especuló con que la operación aérea iba dirigida a destruir una fábrica de armas y un puente, pero ninguno de ellos resultó alcanzado por las bombas que llovieron sobre la población.

Otra teoría parte del supuesto de que las fuerzas nacionales comandadas por el general Francisco Franco querían romper la resistencia vasca destruyendo su lugar más "sagrado", la capital cultural e histórica del País Vasco, donde el centenario Árbol de Guernica simboliza la tradición nacionalista y democrática vasca. Sin embargo, el monumental roble salió indemne del bombardeo.
Un fuerte indicio de lo que fue el motivo real de la destrucción de Guernica lo dio en 1946 el mariscal Hermann Göring cuando explicó durante los juicios de Núremberg que con la intervención de bombarderos alemanes en la Guerra Civil Española en apoyo a los nacionales de Franco pretendía poner a prueba su joven fuerza aérea y dar a sus hombres la oportunidad de adquirir experiencia.
La explicación de Göring parece confirmar la interpretación británica de que Hitler quería aprovechar el escenario bélico español para preparar a la fuerza aérea alemana para su propia guerra a escala mundial. Y la destrucción de Guernica debería servir de mensaje de advertencia para Londres sobre lo que podrían esperar las ciudades británicas en caso de guerra.

Durante mucho tiempo, el régimen franquista responsabilizó del bombardeo a Guernica a los "rojos". Sin embargo, reporteros de guerra británicos que se trasladaron a Guernica para informar de lo ocurrido encontraron pruebas de la autoría alemana del bombardeo.
Alemania tardó más de medio siglo en presentar sus disculpas por el ataque. En 1997, el entonces presidente alemán, Roman Herzog, dirigió una carta a los supervivientes con motivo del 60 aniversario del bombardeo pidiendo públicamente perdón por este crimen de guerra.