sábado, 18 de junio de 2011

20 de junio, Día Mundial del refugiado

Teniente Augusto Seixas

Centenares de refugiados extremeños, escaparon de una muerte segura en septiembre de 1936, al huir y refugiarse en la localidad portuguesa de Barrancos.

Una resolución de la Asamblea General de la ONU, adoptada por unanimidad en el 2000, designó el 20 de junio de cada año como Día Mundial del refugiado, que precisamente se conmemora en estos dias. Se quiso fijar el Día Mundial del Refugiado, como momento para la reflexión, y así es reseñado anualmente por los medios de comunicación.

Sin embargo, pocas personas en nuestra región sabían hasta hace poco, que en Extremadura se produjo un episodio de huida masiva de refugiados, hacia la vecina Portugal, en el verano de 1936 al comienzo de la guerra civil, y que un pueblo rayano portugués, Barrancos, dio un formidable ejemplo de solidaridad y humanidad, para con aquellos refugiados republicanos extremeños, que huían de una muerte segura, en sus pueblos de origen, a manos de las tropas franquistas sublevadas.

Fue a raíz del estreno en Badajoz, organizado por la Asociación para la Recuperación de la memoria Histórica de Extremadura, del documental, “Los refugiados de Barrancos”, producido por la Asociación cultural Morrimer, el pasado 10 de Diciembre de 2008, coincidiendo con el 60º aniversario de la promulgación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, como homenaje y memoria a aquellos refugiados extremeños que huyeron de la represión franquista en septiembre de 1936, y que gracias a la actuación del teniente Seixas y de todo el pueblo de Barrancos, salvaron la vida; lo que ocasionó que muchas personas tuvieran conocimiento de esos hechos por primera vez.

Igualmente la publicación en 2009 de la edición castellana, por parte de la Editora Regional de Extremadura, del libro titulado “Barrancos en la encrucijada de la Guerra Civil Española”, de la antropóloga portuguesa Dulce Simôes, con la colaboración del historiador Francisco Espinosa, y el hijo del teniente Seixas, Gentil de Valladares; ha contribuido al mejor conocimiento, de esa historia, e importantes medios de comunicación españoles y portugueses, se vienen haciendo eco de aquella epopeya en los últimos meses.

Los hechos.

El 14 de agosto de 1936, las tropas golpistas tomaron la ciudad de Badajoz y desataron una violenta represión. Algunos periodistas extranjeros consiguieron entrar en Badajoz y dieron a conocer aquellos sucesos. Algunas crónicas hablaban también como el gobierno dictatorial portugués, no estaba respetando el Derecho internacional humanitario de la época y se estaban llevando a cabo a través de su policía política, devoluciones de refugiados a las nuevas autoridades golpistas.

En este contexto, con la conquista por los golpistas en los últimos días de septiembre de 1936, de la zona norte de Huelva y el suroeste de la provincia de Badajoz, miles de personas huyen de sus pueblos. En especial entre el 21 y el 23 de septiembre, cuando caen Jerez de los Caballeros, Oliva de la Frontera y Valencia del Mombuey. Para muchas personas, la única opción de salvar la vida, será huir apresuradamente a Portugal, tentando a la suerte y asumiendo el riesgo de caer en manos de la policía política portuguesa y ser devueltos.

Más de de mil personas consiguen atravesar el río Ardila, frontera natural, muy cerca de Barrancos: hombres, mujeres, niños, familias enteras que habían escapado de sus pueblos, principalmente de Oliva de la Frontera, Jerez de los Caballeros y Villanueva del Fresno, así como un grupo de carabineros y algunos concejales y otros cargos.

El oficial portugués, que controlaba esa zona fronteriza, era el teniente Augusto Seixas, de la Guardia Fiscal. Otro oficial sobre el terreno era el teniente Soares, de la GNR. El grupo de republicanos españoles que pidió asilo en Portugal, se concentró en el improvisado campo de Coitadinha. Otro grupo importante de unos 300 huidos se fue concentrando a poca distancia de la finca Russianas. El teniente Seixas, en un acto de humanidad, les permitió igualmente permanecer en la parte portuguesa pero a diferencia de Coitadiña, Seixas no comunicó a sus superiores la existencia de este otro campo, por lo que las tensiones entre Seixas y los agentes de la policía política portuguesa fueron continuas.

Estos oficiales sobre el terreno, también impidieron los repetidos intentos de los franquistas de las localidades vecinas de cruzar el río Ardila, para detener a los refugiados. Es destacar también la solidaria actuación de los vecinos de Barrancos, en su mayor parte gente humilde y de escasos recursos, pero que contribuyeron con lo que tenían, para mantener a los refugiados, así como la desinteresada actuación del médico del pueblo.

La repercusión de los sucesos de Badajoz en la opinión pública internacional, hizo que el gobierno de Salazar, para evitar que una comisión internacional investigara las denuncias sobre el trato general a los refugiados en la frontera, se decidiera a permitir la evacuación de este grupo de Barrancos. A partir de ese momento se inician conversaciones con el gobierno de la República para repatriar a los refugiados a territorio leal republicano, traslado que llevará cabo por barco, desde Lisboa en el buque Niassa, con destino a Tarragona, a donde llegaron el 13 de Octubre.

Con su actuación, el teniente Seixas salvó la vida de cientos de extremeños, arriesgando su carrera militar, pues permitió la creación, el mantenimiento y la vigilancia de aquellos campos de refugiados. Y también garantizó el traslado de estas personas a Lisboa. Por aquellas acciones fue sometido a un expediente disciplinario y sancionado con dos meses de suspensión y el pase a la reserva.

Como bien dice, antropóloga Dulce Simoes, el caso de los refugiados en Barrancos demuestra la permeabilidad de la frontera, borrada por la acción de los hombres, y como los hombres hacen historia en función de sus diferentes posiciones sociales. En aquel difícil contexto, el teniente Seixas se transformó en un protagonista de la historia.

Se trató de un caso más bien excepcional, que no volvió a repetirse, a lo largo de la frontera luso española. Los refugiados, siempre conservaron el recuerdo de la solidaria acogida de los habitantes de Barrancos. Fue un acontecimiento marcó la vida de muchas familias extremeñas. Por otro lado el recuerdo y la memoria en los habitantes de Barrancos, por aquellos refugiados, también ha perdurado en el tiempo, pues eran gentes como ellos mismos, sus propios vecinos. La guerra civil, no hizo si no reactivar aquellas relaciones sociales, que ya mantenían desde antes de la guerra.

Barrancos, no sólo Seixas, si no colectivamente todo el pueblo y su memoria, forman parte ya de historia contemporánea extremeña, como un referente de solidaridad y respeto a la dignidad humana más allá de cualquier circunstancia. No se trata de un mito, sino de un hecho real, sucedido en aquellos primeros meses de la Guerra Civil. Por ello, la concesión de la medalla de Extremadura que muchos colectivos solicitaron, entre ellos la ARMHEX, para el pueblo de Barrancos en 2009, no sólo es un gesto de agradecimiento histórico a tan humanitaria actuación, de verdad y de justicia; si no también un símbolo más del hermanamiento entre Extremadura y Portugal.


NOTA: Para quien aun no haya visionado o no disponga del DVD de este magnífico documental, producido por nuestros buenos amigos de la Asociación cultural Morrimer de Llerena, os informamos que recientemente ellos han colgado el mismo, de forma altruista para la aldea global en la red. Ahí os dejamos el documental. Merecen nuestro reconocimiento y admiración.