viernes, 20 de mayo de 2011

Villafranca, 1936. Historia y memoria


Villafranca, 1936. Historia y memoria

Hace aproximadamente una década Jan Gross, politólogo norteamericano de origen polaco, publicó un libro titulado Vecinos. El exterminio de la comunidad judía de Jedwabne (Crítica, 2002). La historia era muy sencilla: Jedwabne es el nombre de una pequeña localidad de unos tres mil habitantes cercana a Varsovia en la que, en el verano de 1941 y cuando estaba bajo el control de fuerzas nazis ocupantes, una parte del vecindario acabó con la otra, es decir, los polacos no judíos acabaron con los polacos judíos. Aunque las cifras aún se discuten, se acepta que, al menos, unas cuatrocientas personas fueron exterminadas. El único factor común a todas ellas era su origen judío.

Salvando todas las distancias que existen entre el exterminio de los judíos europeos y lo ocurrido en España a partir de julio de 1936, resulta imposible sustraerse a establecer ciertas relaciones. Si en el caso polaco fue el odio larvado contra los judíos lo que justificó su desaparición, en el caso español fue la profunda aversión que ciertos sectores tenían contra la República desde su misma proclamación lo que llevó al asalto y destrucción de todo lo que a ella pudiera asociarse. Si el ambiente que allí propició la matanza vino dado por la presencia nazi, en el caso español fue el avance arrollador de los columnas sublevadas lo que permitió poner en marcha el plan de exterminio. Si en tantos lugares de la geografía europea fue la cuestión racial el pretexto para acabar con un grupo social, en España fueron la ideología, la actividad política y la pertenencia a partidos y sindicatos de izquierdas las que guiaron la criba de la izquierda local.

En el caso del exterminio de los judíos no hubo límite para los nazis y sus cómplices. Toda Europa fue limpiada de aquellas personas que, practicaran o no la religión judía, fueron consideradas de raza judía. Por el contrario, en el caso español sí hubo un límite: la limpia de rojos, también denominada actual campaña contra el marxismo, tuvo un solo freno: que no se viese afectado el sistema productivo. Es decir, el colectivo formado por los jornaleros, mayoritariamente de izquierdas y protagonista de la reforma agraria, no podía ser eliminado en masa por la sencilla razón de que representaba el sector laboral más amplio de la población y ni el Estado ni la propiedad podían prescindir de su fuerza de trabajo. De ahí, pese a su dimensión, el carácter selectivo de la purga.

Los dos libros que ahora se presentan tratan, uno desde el periodismo de investigación y otro desde la investigación histórica, de profundizar en lo ocurrido en Villafranca a consecuencia del golpe militar de 1936. María del Espino Núñez Barranco ha recogido en Entrañas de una guerra la memoria oral de aquellos hechos. Un trabajo arduo que le llevó varios años y que le ha permitido adentrarse en ese pasado oculto al que sólo se accede desde el testimonio oral, de incalculable valor cuando, como en este caso, se trata de un hecho histórico cuyos testigos ya casi han desaparecido. Por sus páginas pasan recuerdos de la Republica y de los protagonistas de aquellos hechos, tanto de derechas como de izquierdas, tanto en el pueblo como en los frentes de guerra, y dando especial relevancia al papel jugado por las mujeres, relegadas muchas veces de manera injusta a un papel secundario en un conflicto que las afectó profundamente y las convirtió en depositarias del espíritu de supervivencia, que recayó sobre sus hombros.

Por mi parte he querido con Masacre. La represión franquista en Villafranca de los Barros (1936-1945) completar el trabajo que ya realicé hace unos años con La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz (Crítica, 2003). Esto ha sido posible porque desde 2009 ha sido posible acceder a los sumarios de los consejos de guerra que tuvieron lugar a partir de abril de 1939 y que afectaron a varias decenas de vecinos de Villafranca. De esta manera, se completa la investigación entonces realizada sobre la represión salvaje del 36, que acabó con varios centenares de personas. Además, las declaraciones recogidas en los consejos de guerra iluminan aspectos antes poco conocidos e incluso totalmente desconocidos que nos permiten tener una visión más ajustada a la realidad de lo ocurrido entonces. La palabra masacre fue definida por María Moliner como matanza salvaje de personas. No es tan importante el número de víctimas, que suele ser alto, como su absoluta ignorancia del destino que les esperaba y su total indefensión.

Aunque independientes hay un nexo entre ambos trabajos que quiero destacar. Me refiero a un apartado, sin duda uno de los más importantes, que aparece en ambos libros. Se trata del dedicado a la maestra Catalina Rivera Recio. Una investigación que sin la colaboración de ambos, una recogiendo los recuerdos que de ella guardaban sus alumnas y descubriendo su procedencia cacereña, y otro aprovechando el contacto que le llevaría a descubrir la existencia de una sobrina de doña Catalina residente en Londres e indagando el rastro de la maestra en los archivos, no existiría.

Se trata pues de recuperar una parte oculta de nuestra historia en la que podrán reflejarse las vivencias de muchos vecinos, unos aún residentes en el pueblo y otros llevados lejos de él a consecuencia de la emigración.


Francisco Espinosa Maestre. Historiador. Doctor en Historia, natural Villafranca de los Barros, Badajoz, aunque afincado profesionalmente en Sevilla desde hace años, es miembro desde sus inicios de nuestra asociación (ARMHEX). Entre las investigaciones y más sobresalientes publicaciones de Francisco Espinosa, cabría destacar “La guerra civil en Huelva” (1996), “La justicia de Queipo” (2000), “La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz” (2003), “Contra el olvido” (2006), obra que incluye “El fenómeno revisionista o los fantasmas de la derecha española”, "La primavera del Frente Popular" (2007) y "Callar al mensajero". Ha colaborado igualmente en obras colectivas como: “Sevilla, 1936. Sublevación fascista y represión” (1990) “Morir, matar, sobrevivir” (2002), coordinadas respectivamente por Alfonso Braojos y Julián Casanova, y, en unión de Manuel Ruiz Romero, en la edición de las memorias del socialista ayamontino “Miguel Domínguez Soler: Ayamonte, 1936. Diario de un fugitivo”. Tambien ha colaborado en la obra colectiva "La gran represión" (2009), coordinada por la profesora Mirta Nuñez, y Violencia roja y azul, 1936-1950 (2010), en la que además de coautor es coordinador de la obra.. Actualmente es profesor y pertenece al grupo de investigación del Departamento de Historia Económica de la Universidad de Sevilla.