domingo, 24 de abril de 2016

PRESENTACIÓN SINGULAR. A propósito de la presentación del Libro PASEO DE LOS CANADIENSES, en Badajoz.

El pasado 21 de Abril de 2016, llevamos a cabo en Badajoz, tal y como estaba anunciada, la presentación del libro "Paseo de los Canadienses", de Carlos Guijarro, que se centra en narrar el éxodo de miles de malagueños, población civil, mujeres, niños, heridos, etc, en marcha por la carretera costera de Málaga a Almería, cuando intentaban huir y buscar refugio en Almería, acosados bajo el fuego fascista por tierra, mar y aire en su camino, ante la inminente llegada del ejército rebelde. Uno de los episodios realmente más dramáticos de nuestra guerra que prácticamente permanecía olvidado hasta hace pocos años. Fue un lujo contar con la presencia del autor, que nos deleitó con sus palabras sobre su proceso creativo y sus explicaciones del porqué de su obra, una "historia de los olvidados de la historia”. En cuanto a la necesidad de recordar tragedias como esta, Carlos lo tiene muy claro: “Nuestra identidad es nuestra memoria y esto vale tanto para los individuos como para la sociedad. Una historia construida con olvidos es una historia fragmentada, necesariamente maltrecha, porque supone la exclusión de algún grupo social y el silencio de alguna voz.


Por su interés reproducimos el texto de la presentación, realizada por Fco. Javier Moreno Romagueras.

TEXTO de la Presentación del libro Paseo de los Canadienses, de Carlos Guijarro.
Presentación a cargo de Fco. Javier Moreno Romagueras. Periodista y asesor en comunicación.






PRESENTACIÓN SINGULAR


El acto de hoy es singular por varias razones.
Singular por el tipo de obra de la que se trata, porque no es habitual que en este escenario se presente un libro de historietas.
Singular por su autor, porque se trata de alguien que ha llegado de forma tardía a la narrativa dibujada como medio de expresión. Carlos Guijarro Esteban, nace en 1955 en la localidad de Helechosa de los Montes, en Badajoz. Esta es su primera y única obra, que ha publicado frisando ya los 60 años. Singularidad que se agranda porque, siendo licenciado en historia, y habiendo trabajado como documentalista y gestor de formación después, su aproximación a la historieta no la hace solo como guionista, que podría haber sido lo lógico, sino que se atreve con todo, y eso ha incluido la parte gráfica de este interesante y necesario libro que es Paseo de los Canadienses.
Y, finalmente, también es singular la obra en sí.  Por una parte por el tema elegido: el éxodo de refugiados civiles que en febrero de 1937 huyeron desde Málaga a Almería, bajo el fuego de la aviación y de la marina de los nacionales. Por otra parte, por el punto de vista que utiliza: el de la mujer que protagoniza y da forma a la historia con sus recuerdos. Y también por el personaje que está en el punto de partida de toda esta aventura: el médico canadiense Norman Bethune, que utilizó sus ambulancias de la Unidad Canadiense de Transfusión de Sangre, para trasladar a muchos de los que huían.
Dicho esto me gustaría contextualizar brevemente esta obra dentro de la historieta española actual, y para ello recurro a las palabras del profesor Nicolás Sánchez Albornoz, en el prólogo del Paseo de los Canadienses.
Señala el profesor Sánchez Albornoz, hablando de la obra de Carlos Guijarro, que para mayor eficacia del mensaje, ha elegido explorar un género inédito y un tanto sorprendente para el caso, pero de aceptación general en auge, el llamado cómic.
Estando de acuerdo en la eficacia de la historieta para comunicar mensajes y transmitir emociones; y sin ánimo de enmendar la plana al profesor Sánchez Albornoz, sí que he de decir que la obra de Carlos Guijarro se inserta en la gran tradición de la historieta para adultos. Desde su nacimiento oficial en Estados Unidos, del que este año se cumplen 120 años, el cómic siempre ha tenido un sesgo para adultos –unido a su canal de publicación original, los periódicos-. En España y Europa iba por otros derroteros, pero no podemos olvidar las múltiples publicaciones, bien de actualidad, bien de sátira política en las que tenían encaje las historietas, tanto a finales del siglo XIX, como a principios del XX, como la madrileña Blanco y Negro, o las barcelonesas L’Esquella de la Torratxa o la Campana de Gràcia, sólo por mencionar algunas.
Dicho esto, y centrándonos más en la temática relacionada con la Guerra Civil, son numerosas y muy importantes las historietas que podríamos mencionar.
·         El gran Carlos Giménez, que en 1977 inicia la serie Paracuellos, en la que narra sus vivencias como niño de la posguerra en los hogares del Auxilio Social. El propio Giménez publicó ya en el año 2007 la obra 36-39. Malos tiempos, sobre la Guerra Civil.
·         En 1994 el guionista Felipe Hernández Cava, creador de El Cubri, y el dibujante Federico del Barrio, publican El artefacto perverso, una historia sobre la primera posguerra, los represaliados, la lucha clandestina y las delaciones.
·         El italiano Vittorio Giardino, creador del personaje Max Fridman, inicia en 2000 la trilogía ¡No pasarán!, en la que sitúa a su personaje, exbrigadista internacional, en 1937, en la búsqueda de un viejo amigo, en un relato en el que bucea en las contradicciones de ambos bandos, pero sobre todo rinde homenaje a los que fueron derrotados, pero nunca rendidos.
·         En 2010, Antonio Altarriba y Kim, sorprenden con El arte de volar, la historia del padre del propio Altarriba, que se suicidó en mayo de 2001. Es la crónica de un siglo XX en el que la ilusión por crear un mundo más justo, se estrelló con la historia, la Guerra Civil, la II Guerra Mundial y el franquismo.
·         El aclamadísimo trabajo de Paco Roca, Los surcos del azar, de 2013, en la que recupera la memoria histórica del exilio republicano y su contribución a la victoria sobre el nazismo en la II Guerra Mundial, simbolizada por los integrantes de “La Nueve”, la compañía de la División Leclerc, integrada por españoles, que tuvo un destacado protagonismo en la liberación de París.
·         También en 2013 tenemos El Convoy, con dibujos de Eduard Torrents, y guion de Denis Lepière, que narra el éxodo por la frontera de Le Perthus, las infectas condiciones de los campos de refugiados en las playas francesas de Argeles sur Mer y el contingente de 927 hombres, mujeres y niños, que constituyeron el primer convoy de deportados al campo nazi de Mauthausen.
·         En 2014, Sento publica Un médico novato, inspirado en las memorias del doctor Pablo Uriel, que narra las vivencias de un joven médico, recién licenciado, al que la guerra y la prisión y la represión le sorprenden en su primer destino en un pequeño pueblo de La Rioja.
·         El magnífico Alfonso Zapico, que el año pasado publicó el primer tomo de La Balada del norte, en la que narra los hechos que derivaron en la Revolución de 1934 en Asturias.
Estos son sólo algunos títulos, quizás los más destacados, a los que se une El paseo de los Canadienses, publicado el año pasado, y que es la obra de la que hoy nos viene a hablar su autor, Carlos Guijarro.
De su trabajo solo diré que me parece de una gran valentía, no solo por traer a primer plano esta historia, sino por haber tenido el coraje de afrontarla íntegramente. El paseo de los Canadienses tiene el rigor y la fidelidad a los hechos, derivada de su condición de historiador. Pese a ello, consigue que la narración tenga ritmo y envuelva, pero sobre todo conmueva, al lector. Y lo consigue, entre otras cosas, por el acierto de haber elegido la mirada de una niña de 12 años como eje conductor de la historia, contraponiendo la teórica inocencia infantil, con el horror y el salvajismo de una guerra que, ni tan siquiera, respetó las normas de honor propias de los conflictos armados. En cuanto a la parte gráfica, Guijarro juega con el recurso de las dos estéticas para diferenciar la actualidad del recuerdo y del hecho histórico. La luminosidad del color y nuestros días, frente al claroscuro y las grandes manchas ocres y sepias, para reflejar los hechos acaecidos en la “desbandá”, como los malagueños denominan a este éxodo que acabó en genocidio.
Finalizo ya, pues el protagonista de este acto es Carlos Guijarro. Solo añadir que se nota que su trabajo historietístico, que es lo que yo puedo juzgar, ha bebido de fuentes de gran calidad, en especial del extraordinario Jacques Tardí, el dibujante francés autor de obras como ¡Puta Guerra!, ¡La Guerra de las trincheras!, y actualmente de la trilogía Yo, René Tardí, prisionero de guerra en StalagIIB. Creo que nadie ha reflejado tan real y crudamente el horror y la sinrazón de la guerra, y esa influencia se aprecia en el trabajo de Guijarro. Como también están presentes sus buenas lecturas de las crónicas periodísticas en formato historieta de Joe Sacco, el ritmo narrativo del Tintín de Hergé, o del Teniente Blueberry del no menos genial Moebius; o la calidad estética de dos artistas enormes como Harold Foster, creador de El Príncipe Valiente y primer dibujante de Tarzán, o Alex Raymond, creador de Flash-Gordon.
Carlos, buenas compañías que comparto –pues están entre mis favoritos de siempre- que sin duda te han ayudado en este necesario trabajo, que contribuye a recuperar unos hechos que no deben olvidarse, porque como dices en la última viñeta de tu libro: el silencio cómplice y el olvido impuesto, son el territorio de la impunidad, el territorio en el que habitan los canallas.
Por todo ello, muchas gracias Carlos.