sábado, 14 de agosto de 2010

14 AGOSTO: LA MATANZA DE BADAJOZ












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Se cumplen ahora 74 años de la matanza de Badajoz por la Columna de Madrid, Columna de la Muerte, al mando del teniente coronel Yagúe, de infausta memoria.




Han pasado 74 años de aquel ayer que aún persiste en retazos ante nuestros ojos. Al parecer para algunos, el tiempo de hoy, edulcorado y hedonista, no puede admitir una carga de memoria colectiva de tal magnitud, como la que representan las tapias del Cementerio de San Juan y otros tantos lugares de la ciudad, donde las tropas sublevadas, llevaron a cabo la matanza.

No sólo ofende el dolor de los recuerdos, sino la realidad de la muerte, poderosamente representada por los corpulentos cipreses del cementerio, alimentados por el paso de los años.

La masacre que se desarrolló en la ciudad de Badajoz, a partir del 14 de agosto de 1936, tuvo en las blanquísimas tapias del viejo cementario de San Juan, un lugar de inmolación. Los fusilamientos a cientos, en éste y otros lugares de la ciudad fueron una de las primeras evidencias ante el mundo, de la política de exterminio programado por los militares golpistas.

Es posible que Badajoz sea la ciudad española en que, en relación con su población, un mayor número de personas fueran asesinadas a consecuencia del golpe militar y de la masacre realizada tras su ocupación en agosto de 1936.






Ese cementerio de San Juan y sus muros pertenecen a la historia silenciada y oculta de Badajoz. Allí fueron asesinadas muchas personas que pasaron luego a fosas comunes abiertas en su interior, hechos de los que existe documentación gráfica, como son las imágenes captadas por el cámara periodista francés René Brut que dieron la vuelta al mundo. El muro que el Ayuntamiento construyó en 2009, con un cerramiento más alto y con un recorrido paralelo al actual, desnaturalizó ese lugar privándole en parte de su carácter testimonial y de su poder de evocación, pero por mucho que algunos pretendan, no se puede borrar ese testimonio de la matanza.





La memoria necesita para expresarse de unos soportes externos, de unas marcas tangibles, de unos «lugares de memoria». Es en estos «lugares» donde la memoria se fija, lugares llenos de contenido cuya misión es bloquear la acción del olvido.

No hay Memoria sin lugares, ni lugares sin Memoria. En España hay toda una geografía de cementerios cuyos muros fueron un día paredones de muerte, como éste, un paisaje de la represión, que debe ser conservada para el conocimiento de las generaciones futuras.

En estas cuestiones, como en tantas otras, debemos mirar a los países europeos de nuestro entorno que cuentan con más experiencia, en los que la declaración y protección de este tipo de Lugares de memoria, es habitual. Ese cementerio viejo es ya el único lugar, una vez demolida hace años la vieja plaza de toros, que nos recuerda la memoria viva de un hecho histórico que desborda ampliamente el ámbito local. Badajoz tiene el deber de conservar las tapias de ese viejo cementerio, en su aspecto original, no sólo en memoria de los que aquí fueron asesinados, si no también por respecto a sí misma, y colocar una placa en memoria de los allí fusilados.

El Tercio, los regulares, y los fascistas, al servicio del avance del ejército de África, habrían logrado ahora más de setenta años después, una nueva victoria, si junto a los cadáveres incinerados, desapareciese la memoria de lo ocurrido y todos los engarces del recuerdo con nuestra realidad.

No debemos olvidar que la memoria colectiva es el recuerdo que una comunidad tiene de su propia historia, y también de las lecciones y aprendizajes que, más o menos conscientemente, extrae de la misma.




Uno de los estudios más exhaustivos y documentados sobre la matanza es el realizado por el historiador Francisco Espinosa, quien, en su libro "La columna de la muerte" (Editorial Crítica, 2003), documenta 1.389 asesinatos, pero constata que las personas asesinadas podrían ser más de 3.800.



Como dice el citado historiador sobre la represión franquista: "Dos fueron los instrumentos de los que se sirvieron los golpistas para llevar a cabo el plan represivo: los bandos de guerra y los consejos de guerra sumarísimos de urgencia. Es sobradamente conocido el bando publicado por la Junta Militar el 28 de julio de 1936; sin embargo son totalmente desconocidos aquellos con los que se funcionó realmente a nivel local desde el primer momento. En la práctica los bandos de guerra pretendieron dar un barniz seudolegal a la gran matanza del 36. Luego miles de personas serían inscritas en los registros civiles con la causa de muerte: "Aplicación del Bando de Guerra". No obstante, lo que interesa destacar de esta etapa fue el altísimo número de personas que quedaron sin inscribir en el registro Personas de cuya muerte no ha quedado huella alguna: detenidas ilegalmente, asesinadas y enterradas por lo general en fosas anónimas abiertas en los cementerios, en el campo e incluso en fincas particulares. El mapa de las fosas comunes se superpone a la España donde triunfó el golpe militar y se aplicó de inmediato el calculado plan de exterminio que los sublevados tenían previsto desde el principio".



"Respecto a la represión franquista cabe establecer tres etapas. La primera, la de la represión salvaje con los bandos de guerra, comprende desde el 17 de julio del 36 a febrero de 1937. La segunda, la de los consejos de guerra sumarísimos de urgencia, va de marzo de 1937 a los primeros meses de 1945. Podría parecer que el final de la guerra marca una separación pero realmente es lo mismo; quizás la disminución del ritmo represivo iniciado en el 36 se perciba a partir de 1943. Y la tercera sería la gran oleada represiva de fines de los cuarenta y de los años cincuenta, marcada por la eliminación de docenas de guerrilleros y de cientos de personas acusadas de servirles de apoyo".










Reseñas:








En la Portada del Diário de Lisboa del sábado 15 de agosto de 1936, el titular decía: "Badajoz ha sido entregada a los legionarios y regulares marroquíes.". "Escenas de horror y desolación en la ciudad conquistada por los rebeldes." La crónica la firma Mário Neves e incluye la entrevista con Juan Yagüe, donde le informa y no le desmiente que ya bhubiera unos 2.000 fusilados.



Durante toda la jornada, se produjeron asesinatos por las calles de la ciudad, sobre todo a cargo de legionarios marroquiés. El mismo día 14, Yagüe ordenó el confinamiento de todos los prisioneros -la mayoría civiles- en la plaza de toros.






Según artículos publicados por los corresponsales de Le Populaire, Le Temps, Le Figaro, Paris-Soir, Diário de Lisboa y Chicago Tribune se produjeron ejecuciones en masa en varios lugares de la ciudad, y las calles aparecían sembradas de cadáveres.




El 15 de agosto, el enviado de Le Temps, Jacques Berthet, enviaba su crónica:



"alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas (…) Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre (…) Los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, de tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos (…)".



El 18 de agosto, Le Populaire publicaba:



«Elvas
, 17 de agosto. Durante toda la tarde de ayer y toda la mañana de hoy continúan las ejecuciones en masa en Badajoz. Se estima que el número de personas ejecutadas sobrepasa ya los mil quinientos. Entre las víctimas excepcionales figuran varios oficiales que defendieron la ciudad contra la entrada de los rebeldes: el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega y un cierto número de suboficiales y soldados. Al mismo tiempo, y por decenas, han sido fusilados los civiles cerca de las arenas».



El martes 18 de agosto, el Premio Nobel de Literatura francés François Mauriac, publicó en primera plana de Le Figaro un artículo sobre los sucesos de Badajoz que conmocionó a Europa. El 30 de agosto apareció en el Chicago Tribune el famoso artículo de Jay Allen (ver recuadro inferior), en el que narró con gran crudeza los terribles sucesos que había presenciado durante su estancia en la ciudad.



El periodista portugués Mário Neves fue uno de los testigos de primera mano de los sucesos de Badajoz, en las crónicas que remitió al Diário de Lisboa, algunas de las cuales fueron censuradas por el gobierno de António de Oliveira Salazar, claramente favorable al bando franquista. Neves regresó a Lisboa horrorizado por el espectáculo del que había sido testigo, y se juró no volver jamás a Badajoz, pero lo hizo en 1982, para recorrer los lugares donde presenció estos hechos en un documental para televisión, fragmento del cual puede verse al inicio de esta entrada.




Otras reseñas:



http://www.publico.es/espana/231758/badajoz/levanta/muro/memoria



http://www.publico.es/espana/231763/toda/vida/sido/silencio/silencio







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