domingo, 15 de julio de 2018

El callejero de Madrid y la “ley de memoria histórica”


El callejero de Madrid y la “ley de memoria histórica”

Un repaso exhaustivo a la campaña de intoxicación contra la Cátedra de la Memoria Histórica

FRANCISCO ESPINOSA MAESTRE
Historiador.




La memoria no es un concepto universitario, abstracto o que esté sólo en los libros. La memoria transforma la dinámica de una sociedad. Cuando una sociedad tiene una memoria fresca es capaz de crear más, de jugar un mejor papel en el concierto de las naciones. La memoria es algo tan dinámico como la sangre que recorre el cuerpo. (Patricio Guzmán, Público, 09/09/2013). 



Objetivo 1º: Acabar con la Cátedra de la Memoria Histórica

La reciente disolución de la comisión encargada por el Ayuntamiento de Madrid para revisar el callejero franquista dos años después de su constitución incita a recordar su historia. La Cátedra Complutense de la Memoria Histórica del siglo XX, presidida por Mirta Núñez, iba a ser en principio la encargada del asunto, pero muy pronto quedó claro que la derecha no iba a permitirlo. En un espectáculo sin precedentes se inició una campaña de intoxicación que no cesó hasta que la Cátedra fue apartada. Recordemos algunos titulares: “La hija de la primera esposa de Fidel Castro asesora a Carmena en el cambio de calles franquistas” (Alfonso Basallo, Actuall, 24/12/2015), “La hija de Fidel Castro asesora a Carmena para quitar las calles franquistas” (Ignacio Crespí, Negocios.com, 24/12/2015), “La turbia trampa de Carmena para adjudicar el contrato de la Memoria Histórica a una hija de Fidel Castro” (Juan Velarde, Periodista Digital, 30/12/2015) o “Carmena pone a Madrid a la altura de una república bananera y… castrista” (Juan Velarde, Elblogoferoz, 05/02/2016).

Aquí todo valía para justificar “el sesgo marxista” de la Cátedra: el historiador Julio Aróstegui, su fundador (fallecido en 2013), quedó reducido a biógrafo de Largo Caballero, y de la Universidad Complutense, que amparaba a la Cátedra, como no podía ser de otra forma, se dijo que estaba en manos de “un hijo de Carrillo”, por más que José Carrillo Menéndez se hubiera limitado a dar continuidad a un proyecto de la época de Carlos Berzosa y que el rector desde mayo de 2015 fuera Carlos Andradas. La presidenta de la Cátedra, Mirta Núñez, era simplemente “la hija de Fidel” o, como alguno prefirió, la “vástaga del dictador caribeño”. Ella no era hija de Fidel, pero daba igual: la propaganda funcionaba. Tampoco existía contrato alguno entre el Ayuntamiento y la Cátedra, pero quedaba bien decir que el primero le había pagado 17.999 euros, y no 18.000, para evitar que el asunto saliera a concurso: “El Ayuntamiento de Madrid manipuló un contrato para otorgárselo a dedo a una cátedra dirigida por una hija de Fidel Castro para limpiar el callejero de la capital”, escribió Antonio Martín Beaumont en ESdiario.com el 12 de febrero de 2016.

El 6 de febrero de ese mismo año es el editorial de El País el que critica “la suma de despropósitos de manifiesta bisoñez” del Ayuntamiento. Para ver la implicación del diario entonces dirigido por Antonio Caño basta leer los artículos de Fran Serrato y Vicente G. Olaya. En ese momento se jalean dos cuestiones: la retirada y posterior recolocación de la placa que en el exterior del cementerio de Carabanchel Bajo recordaba a ocho carmelitas asesinados en 1936 y la lista con más de 256 nombres de calles a eliminar. Da igual que esta lista fuera ajena a la Cátedra y llevara en circulación desde 2004 en un blog particular o que, por más que el cementerio en cuestión fuera de la Iglesia, la placa fuera de titularidad municipal. El caso era armar ruido. Las dos víctimas de este acoso inicial son la Cátedra de la Memoria, que se aparta del proyecto desbordada por la dimensión de la campaña en febrero de 2016, y la concejala Celia Mayer, tocada por la placa de Carabanchel Bajo. De ese momento es la declaración de Esperanza Aguirre diciendo que Mirta Núñez, “hijastra de Fidel Castro”, no era “ni catedrática ni española o, por lo menos, no nacida en España”. O Aguirre ignora el significado de hijastra o algo peor. Por su parte Carmena, que descarga las responsabilidades en la Cátedra, “califica de disparate retirar nombres de intelectuales y asegura que no se cambiarán”. Nadie ha propuesto tal cosa, pero da igual. En ese momento, mientras los comunicados de la Cátedra pasan inadvertidos, el grupo municipal del PSOE propone crear “una comisión amplia de expertos”. La Universidad Complutense, mientras tanto, calla y mira para otro lado.

En febrero de 2016 El País sigue con su campaña. Ha llegado el momento de explotar los listados de nombres adjudicados sin razón a la Cátedra para ir llevando el agua a su molino. Desde el periódico de PRISA, Marcos Ordóñez escribe airado sobre la pretensión de eliminar las calles de Manolete y Bernabeu; Trapiello sobre lo que llama con su agudeza habitual “El potaje madrileño”; Jorge Martínez Reverte dice que “si alguien quiere mantenerla (la Cátedra), que lo haga”, pero que “de momento, bastaría que no informara más de historia”; Celeste López sale desde La Vanguardia en defensa de Dalí y Pla y su compañero de periódico Antoni Puigverd titula un artículo “¿Caza de brujas?”… Desde la Cátedra se afirma que no ha existido ni siquiera una propuesta de calles salvo una inicial de treinta que aún estaba en estudio. Pero nadie escucha ni tiene intención de hacerlo. Vicente G. Olaya titula una noticia “El listado de las calles franquistas dinamita la Cátedra de la Memoria Histórica”. A los nombres de Dalí y Pla se suman ahora Mihura y Manuel Machado como nuevas víctimas de la Cátedra “castrista”. Sobre la renuncia de la Cátedra no cabe olvidar la declaración del tercer teniente de alcalde Mauricio Valiente, de Izquierda Unida: “Lo fundamental es que sea un proceso objetivo, riguroso y científico que asesore el proyecto de gobierno”. Como si el equipo de la Cátedra no garantizara ese proceso.


Andrés Gil, desde eldiario.es(11/02/2016), intenta poner un poco de orden en el asunto recordando algunas cuestiones básicas como la procedencia de la lista y el objetivo del que la creó, Antonio Ortiz, quien afirma simplemente que se trataba de personajes relacionados con el franquismo, lista que puso al servicio de la Cátedra para su estudio, no para que cayeran todos los allí inscritos. Pero una vez más daba igual. El País arrecia en su impresentable campaña. El 12 de febrero son Javier Rioyo con su “Cortar cabezas, cambiar calles”, donde alude a la “soberbia ideológica” de la “cátedra postcastrista”, y Antonio Elorza con “Calles, placas y títeres”, en que se refiere a “la extraña cátedra”. El 6 de marzo toca el turno a Javier Marías con un artículo titulado “No hay que imitarlos en nada”, donde se permite afirmar que Carmena “contrató y pagó a la Cátedra de la Memoria Histórica”, formada por historiadores “muy raros y dirigida por Mirta Núñez”. Los historiadores “raros” a los que alude –cómo no van a ser “raros” si no escriben en El País– son Sergio Gálvez, Alicia Alted, Manuel Álvaro, Antonio González Quintana, Rafael Rodríguez Tranche, Fernando Hernández Sánchez, Juan José del Águila, Julián Vadillo y Sandra Souto. Todos ellos profesionales (historiadores, archiveros o juristas) de probada solvencia especializados en República, golpe militar, guerra civil y dictadura. Marías, que se cree a pies juntillas lo de las 256 calles que han de caer, entona desde su púlpito dominical su lamento profundo por Dalí, Pla, Mihura, Poncela, Cunqueiro, Machado, Galdiano, Turina, Juan de la Cierva o Marquina, y denuncia el carácter “policial e inquisitorial” de la lista. Pone el broche final El País de 28 de marzo con un nuevo editorial titulado “Acabar con el rencor” donde ya se pone nombre a quien debe dirigir la nueva comisión: Francisca Sauquillo. Fin de la campaña. Objetivo conseguido.


Unos días después, el 3 de abril de 2016, El País entrevista a su candidata triunfante. A la pregunta de Juan Cruz sobre si “acabará alguna vez esa dinámica izquierda-derecha, vencedores-vencidos, que nos marca”, Sauquillo responde: “Es lo que pretendo aquí. Hay que contar que, en efecto, unos ganaron y que la dictadura reprimió 40 años. ¡Pero hubo otros 40 en paz! Hay que contarlo también”. El 12 de ese mismo mes la entrevista Raquel Ejerique para eldiario.es y ahí Sauquillo afirma: “No soy partidaria de tirar todos los vestigios franquistas, no tiro nada ni en mi casa” o que “si la aplicación de esta ley se plantease como revanchismo, entonces no quiere estar en la comisión”. Y cuando le pregunta si hay que quitar la placa de Caídos de la División Azul replica: “Es que los caídos existieron, habrá que explicarlo y poner otras placas que homenajeen a otras personas…”. Sobre si la comisión será política responde tranquilamente que “será de expertos”, de “profesionales” y “personas competentes”. Nada de política…

Sauquillo estaba convencida de que en un año estaría todo resuelto. En esa misma entrevista comenta que tanto a ella como a Manuela Carmena les parecía bien la genial propuesta de Esperanza Aguirre de cambiar el nombre del Arco de la Victoria de Moncloa por el de Arco de la Concordia. No aclara qué pensaban hacer con la inscripción latina plena de concordia que muestra la cara norte del arco, en la que se lee: “A las armas aquí vencedoras, la inteligencia igualmente vencedora da, ofrece y dedica este monumento. 1936-1939”. Igual la dejan: ¿no fueron los vencedores acaso? Y concluía: “Desde luego no pienso tirar ese arco, no soy una talibana”. A fines de abril Trapiello, primer fichaje de la comisión a propuesta de Ciudadanos, es entrevistado por El Español. Afirma que tiene más fe en la literatura que en la historia, lo cual no es de extrañar, y concreta su humilde misión: “Creo que todos estamos dispuestos a forjar el relato común que tanta falta nos hace. Eso sí, no sé si luego nos respetarán”. Ya para entonces Trapiello tenía demostrada su obsesión por el pasado asesino de las víctimas del fascismo español.

Objetivo 2º: Dejar todo en manos de una comisión de notables-expertos-competentes

El editorial de El País de 28 de mayo de 2016, titulado “Ganemos se encona”, va contra la plataforma Ganemos Madrid, que apoyó la candidatura de Manuela Carmena, por sus críticas a la comisión. Ahí se lee, entre cánticos a “los magníficos profesionales” que la integran, que “Ganemos explota así una guerra cultural que busca alimentarse de viejos rencores del pasado”. Este editorial podría haber sido firmado sin problema por ABC, La Razón o El Mundo. Para el editorialista de El País todo lo que vaya contra Carmena y su comisión va contra Madrid. Nuevamente aparece Reverte con el artículo “Memoria iletrada” (30/05/2016) en el que lamenta el rechazo producido por la elección de Trapiello o Álvarez Junco. Fiel a la línea del periódico que lo acoge critica los “disparates” de Ahora Madrid sacando a relucir una vez más la placa de los carmelitas. “Mientras tanto –afirma con rotundidad– podemos dar aliento al trabajo de Trapiello y Álvarez Junco. Ojalá todas las comisiones estuvieran montadas con gente de este nivel”. Solo le falta añadir que de esta forma todas serían del agrado de El País y del grupo PRISA. En este contexto aparece Antonio Muñoz Molina el 17 de junio de 2016 haciendo una loa del Elogio del olvido de David Rieff, uno de los pilares de la negación de la memoria tanto personal como colectiva, que apuesta por “cierto grado de olvido”. En la presentación del libro en Madrid destacarán Juan Cruz, Álvarez Junco y José María Ridao. Se define la obra de Rieff como “un alegato contra el militante furor por el pasado”, lo cual explica la cariñosa acogida que le brinda el diario oficial del “régimen del 78”.

La primera propuesta de la comisión, de julio de 2016, busca cambiar el nombre de 27 calles. El concejal de Izquierda Unida Mauricio Valiente, a cuya tenencia de alcaldía estaba adscrita la comisión, se reafirma en que el proceso debe llevarse a cabo de forma “objetiva, rigurosa y científica”. Desde El País, de nuevo Juan Cruz apoya las decisiones de la comisión. Sus componentes son Francisca Sauquillo (abogada) y José Álvarez Junco (historiador) como presidenta y vicepresidente respectivamente, asesorados por Txema Urkijo, y el escritor Andrés Trapiello (por Ciudadanos), el historiador Octavio Ruiz Manjón (por el PP), la arquitecta Teresa Arenillas, la catedrática de Filosofía Amelia Valcárcel y el sacerdote Santos Uría, estos tres últimos elegidos por la propia Sauquillo con ciertos matices en el último caso. Todos ellos firman en dicho periódico “Una medida pedagógica”, un artículo que defiende la eliminación de calles de participantes en la rebelión militar y de altos cargos del régimen. Añaden que, aunque no fuera esa su misión, también propondrán nuevos nombres que aludan a “ideales abstractos”, a personas de izquierdas conocidos “por su espíritu apaciguador”, a militares (“un republicano de 1936 y un liberal progresista del XIX”) y a asociaciones como la Institución Libre de Enseñanza. ¿Cabrán ahí, con ese criterio, Manuel Azaña y Juan Negrín?

Luego el tiempo pasó y casi sin darse cuenta la comisión se percató de que el año que se dio de plazo se había duplicado y también de que, pese a su primorosa, objetiva y virtuosa ecuanimidad, de las 27 calles, que luego pasaron a ser 52, 51 fueron impugnadas ante la justicia por la Fundación Nacional Francisco Franco. Los recursos contencioso-administrativos afectaban a calles como Caídos de la División Azul, Hermanos García Noblejas, Millán Astray, El Algabeño, Asensio Cabanillas, García Escámez o una glorieta de Aravaca. Uno de los recursos cuestionaba todo el listado. En el caso de la calle Comandante Zorita los “expertos” propusieron cambiarle el nombre por el de Aviador Zorita, siguiendo el truco ya conocido en Andalucía en casos como el de la plaza Aviador Ruiz de Alda o la calle del Poeta Pemán. De nuevo en El Español (18/03/2018) Trapiello se jactaba ahora de que “con la mayor sensatez” habían aplicado una ley de memoria histórica “con la que algunos no estábamos muy de acuerdo”, pero “conscientes de que otros podían aplicarla peor”. Por si hubiera alguna duda al final denunciaba a los enemigos: “Podemos es peor que el Partido Comunista”.

Para mayo de 2018 las críticas eran ya muy duras. Luis Suárez, de La Comuna, escribió un artículo bajo el título “Artefacto para la negación histórica del Ayuntamiento de Madrid. Un epitafio” en el que acusaba a la comisión de haber incurrido en relativismo ético, intoxicación de los hechos y ocultación de los valores democráticos. Recordaba también que tanto Trapiello como Ruiz Manjón habían aparecido como firmantes del llamado “Manifiesto por la Historia y la Libertad”, de marzo de 2018, al que merece la pena asomarse un momento para echar un vistazo tanto al contenido como a los firmantes. No obstante, el momento cumbre del desvarío de la comisión se produjo en esos días con motivo del tipo de memorial que debía colocarse en el Cementerio de la Almudena. Un equipo de historiadores, coordinado por Fernando Hernández Holgado, había completado la lista de víctimas de la represión franquista realizada por Mirta Núñez y Antonio Rojas en los años noventa y alcanzado casi tres mil nombres. Pero desde la comisión se rechazó dicha lista por contener casos de “chequistas” implicados en “el terror rojo”. La comisión era partidaria de que no constara ningún nombre y, en salomónica decisión, de colocar no uno sino dos memoriales, uno a las víctimas del período 1936-1939 y otro a las del ciclo 1939-1944.



El 15 de junio Isabel García, desde Público, nos contaba que la comisión había sido disuelta por decisión municipal y que Carmena apoyaba que los nombres de las víctimas aparecieran en el monumento. Mientras tanto Sauquillo negaba que el fin de la comisión tuviera que ver con discrepancias con el Ayuntamiento y se mostraba molesta con las críticas recibidas por el asunto del memorial. Y Mauricio Valiente, el que otrora depositara tanta fe en la comisión, se oponía ahora a la idea de colocar dos memoriales, que por cierto era lo que casualmente quería el PP. Las palabras finales de Carmena a la comisión, “habéis ayudado muchísimo a que pudiéramos realizar nuestro cometido…”, sonaban huecas. La comisión, finalmente, desaparecía en medio de la controversia y con la propuesta del cambio de calles en los tribunales. Ahora el asunto pasaría a la Oficina de Derechos Humanos del Ayuntamiento, cuyo responsable no es otro que Mauricio Valiente. Volvemos al principio.

En el ABC del día 16 de junio, Adrián Delgado nos recuerda las “caras largas y el tono seco” de la última función de la comisión tras dos meses de mal ambiente por el asunto del memorial. El diario monarco-lo-que-haga-falta se jactaba de haber sido el que denunció a los 345 “chequistas” de la lista de víctimas. No hay nada como la Causa General para buscar chequistas y “rojos”. Están a la vista de todos por Internet. Si intentan acceder por ahí mismo a la documentación judicial militar que nos ofrece los nombres de los militares, paramilitares, curas, guardias civiles, abogados, falangistas, requetés, fuerzas vivas en general y fascistas corrientes que dieron cuerpo a la represión, ya verán lo que encuentran. Según ABC con la disolución de la comisión se ha intentado evitar “el ridículo fracaso” que esto hubiera supuesto para Ahora Madrid y para el PSOE. Nos quedamos con dos frases finales. Una del portavoz municipal del PP José Luis Martínez Almeida: “Se confirma lo que dijimos: era una coartada para que la izquierda radical y sectaria pudiera hacer una lectura interesada de la Historia”; y otra del “experto” Trapiello: “Es absolutamente vergonzoso. Me siento utilizado. Han hecho oídos sordos a todas nuestras recomendaciones”. Para el ABC está claro: Carmena ha cedido ante “el ala más radical” de Ahora Madrid, lo que significa simplemente que la alcaldesa, por el motivo que fuera, ha decidido en esta ocasión no actuar al gusto del centro-derecha. Cosas de la política.

El domingo 17 de junio Carmen Pérez-Lanzac recuerda desde El País las circunstancias que dieron lugar a la creación del comité de “expertos”, aunque olvida el papel jugado por su periódico, del que nos quedamos sin saber qué piensa del triste final de la comisión que tanto les debe. Recuerda que a Sauquillo la propuso el PSOE. “Sabíamos que buscaría el consenso”, comentó la portavoz municipal de dicho partido Purificación Causapié. Y si Trapiello vino por Ciudadanos y Ruiz Manjón por el PP, luego Sauquillo eligió a los demás, si bien en el nombramiento de Urías parece que tuvo alguna intervención el arzobispo de Madrid, a instancia tanto de Sauquillo como de Carmena, con la misión de “evaluar la represión del clero durante la guerra civil” (Pedro Ontoso, elcorreo.com, 01/06/2016). Por esta regla de tres en la comisión también deberían haber estado representantes de otros colectivos afectados.

Por cada una de las veinticinco reuniones al completo que han celebrado en estos dos años cobraron 300 euros cada uno y como fueron ocho contando al asesor... Algunos de ellos amenazaron con dimitir si no se eliminaban una serie de nombres de la lista de víctimas del fascismo. ¿Cabe imaginar qué pasaría si alguien propusiera que de los memoriales de víctimas del “terror rojo” desapareciesen aquellos nombres de individuos que coadyuvaron de algún modo al golpe militar del 18 de julio de 1936? ¿Imaginan los titulares de la mayor parte de la prensa? Como la alcaldesa Carmena es partidaria ahora de que los nombres sean visibles, Causapié opina que “en este asunto no podemos ser equidistantes”. Y esto lo piensan dos años después del nombramiento de ese canto a la equidistancia que fue la comisión.

Reflexiones finales

Lo mejor del caso es que, dé o no la justicia la razón a la fundación del dictador, el Ayuntamiento podría cambiar los nombres de las calles que quisiera dejando a un lado la innombrable ley de Zapatero y acogiéndose simplemente a las ordenanzas municipales, ante las cuales no cabe denuncia alguna. ¿A qué ha venido pues tanto tiempo y dinero perdidos? Y en definitiva, ¿a qué la “comisión”? El informe final de la comisión publicado por el Ayuntamiento prueba la falta de norte en que se han movido durante dos años. Por otra parte cabe plantear que la permanencia del fascismo en los nombres de las calles no es más que uno de los flecos del gran problema no resuelto: la falta de definición del régimen que se instaló por la violencia en España a partir de 1936, se mantuvo cuatro décadas en el poder y controló finalmente el proceso que condujo de la dictadura a la democracia. No en vano el político franquista Fernando Suárez puso el dedo en la llaga cuando recientemente declaró que “Deslegitimar el franquismo pone en riesgo la Corona” (El Mundo, 24/02/2018). La Corona y muchas otras cosas.

Se podrán cambiar algunas calles, abrir fosas, sacar a Franco de su megalómano mausoleo e incluso ilegalizar la fundación que lleva su nombre, todo lo cual sería importante, pero nada de esto solucionará el problema de fondo, que no es otro que la necesidad de que la verdad histórica que tan laboriosamente ha ido estableciéndose durante los últimos cuarenta años sea acompañada de la verdad jurídica que defina el ciclo abierto en 1936 y cerrado en 1978 como lo que realmente fue. El intento del juez Baltasar Garzón ya sabemos cómo acabó. En este sentido la historia del “comisionado” forma parte de la política entendida como farsa. ¿Qué podía esperarse de un grupo de “expertos” entre los que había algunos que negaban el propio concepto de memoria histórica? ¿Qué esperar de un Álvarez Junco ya conocido por su papel en aquella otra comisión encargada de elaborar una supuesta “ley de memoria” o de un enemigo declarado de la Historia y la Memoria como Trapiello? Ignoro qué se tuvo en cuenta en los demás casos para ponerlos al frente de una cuestión tan manifiestamente política e histórica como la revisión del callejero. Parece que el Ayuntamiento de Madrid, que no estaba dispuesto a cargar con el desgaste que le hubiera supuesto afrontarla, decidió desviar el asunto a un comité del agrado del bloque PSOE-PP, lo cual no deja de llamar la atención si pensamos que el grupo que impulsó la candidatura de Carmena a la alcaldía, Ahora Madrid, estaba formado por Podemos, Ganemos Madrid, Izquierda Unida y Equo. 

Tampoco hay que olvidar el papel de la prensa, que nos permitió asistir en primera fila a una de las más repulsivas campañas de intoxicación de estos años en medio de la impunidad más absoluta. La prensa de papel al completo, situada entre la derecha y la extrema derecha, está al servicio permanente de intereses políticos y económicos. En esta tarea vale todo; no hay límite. Por seguir siendo el diario de más circulación conviene destacar la actuación de El País y su “fiel infantería”, que igual sirven para un roto que para un descosido.

Finalmente la solución al problema antes comentado de la indefinición del que durante tanto tiempo se denominó “el régimen anterior” solo vendrá de la definitiva apertura de los archivos de la represión (civiles, militares y eclesiásticos), que deberían abrirse en su totalidad con el único límite de la normativa legal. Los documentos ocultos relativos al ciclo 1931-1978 son muchos más que los “10.000” anunciados por la ministra Carme Chacón hace unos años en una supuesta desclasificación que nunca tuvo lugar. ¿Hasta cuándo van a seguir siendo secretos? Carece de sentido no tener en cuenta lo que el Estado fascista hizo por las víctimas de la violencia en zona republicana desde el mismo año 1936 y, sobre todo, a partir de 1939 y hasta el final de la dictadura. Hay toda una sección del Archivo Histórico Nacional dedicada a ellas. Es tiempo de acabar con este agravio comparativo. Solo cuando la investigación histórica pueda ofrecer la realidad más completa posible de aquella etapa, España estará en condiciones de mirar el pasado y afrontar el futuro.

miércoles, 13 de junio de 2018

La magistrada Monreal y el golpista Asensio Cabanillas





La magistrada Monreal y el golpista Asensio Cabanillas

¿Qué pinta una juez dirimiendo si Asensio merece o no una calle? ¿Acaso la decisión de dedicársela fue también judicial?.

Artículo de FRANCISCO ESPINOSA MAESTRE.
Historiador.





Leemos en la prensa que, en respuesta a un recurso presentado, la magistrada sustituta del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 24 de Madrid, Ana Monreal Díaz, ha decidido que no desaparezca del callejero la calle dedicada al militar africanista Carlos Asensio Cabanillas. Cree que “no existen dato ni prueba que dé razón concreta y motivada a la retirada de la calle y que por ello encaje en la Ley de Memoria Histórica”. Afirma, además, que “no se puede determinar un solo acto concreto de represión en el que haya participado el general Asensio Cabanillas, ya que en su condición de teniente coronel estaba bajo el mando del coronel Yagüe”. Y concluye: “Es más, se acredita que el día después de la toma de Badajoz, en los actos de represión que se produjeron, Asensio Cabanillas no participó, ya que se marchó a Talavera” ( ABC, 31 de mayo).

Ignoraba que el mundo judicial contara con una especialista en aquella etapa crucial del golpe militar del 18 de julio de 1936. Resulta lamentable no haber podido contar con ella cuando investigué las andanzas de las columnas facciosas que partieron de Sevilla el día 2 de agosto en dirección a Extremadura con el objetivo último de ocupar Madrid y acabar con la democracia en España. Deseo de todas formas aportarle algunos datos que cuentan con respaldo documental. Asensio fue uno de los militares africanistas que protagonizaron el golpe de estado contra la República situándose así desde ese mismo momento fuera de ley. Fue el jefe de la primera columna que partió de Sevilla el 2 de agosto hacia Extremadura al frente de un importante contingente militar en el que destacaban en vanguardia moros y legionarios. Mientras la columna de la muerte avanzaba por la ruta principal, Castejón iba asegurando los flancos. ¿Y qué hacía Asensio?

Con la ayuda de los aviones de Tablada, que realizó bombardeos sobre las poblaciones a lo largo de la ruta, fue ocupando pueblos a sangre y fuego: El Ronquillo, Santa Olalla, Monesterio, Fuente de Cantos, Los Santos de Maimona, Villafranca, Almendralejo y Mérida. Asesorado por las élites locales destituyó corporaciones municipales y colocó en su lugar a representantes de los sectores más reaccionarios. Mientras tanto, aparte de las tareas represivas, moros y legionarios se dedicaban a registrar y saquear cuanto se les antojaba. Antes de abandonar los pueblos y a lo largo del camino realizaban siempre algunos asesinatos públicos de carácter ejemplarizante. Es el propio Asensio quien en sus comunicados diarios escribía a Franco que iban realizando “operaciones de limpieza” pueblo a pueblo. Debía quedar asegurado que no hubiera marcha atrás, aun a costa de dejar un territorio sembrado de cadáveres.

La operación sobre Mérida, un ejercicio supremo de violencia y terror en el que también intervinieron las fuerzas de Castejón, la dirigió personalmente Asensio. Y cuatro días después, ya con Yagüe al frente de las tres columnas (Asensio, Castejón y Tella), participará en la toma de la ciudad y en la terrible represión consiguiente, sobre la que ya sabemos bastante. Dice la magistrada Monreal que Asensio no participó en la represión porque se marchó a Talavera. ¿A qué Talavera? La más cercana, Talavera la Real, ya había sido ocupada en la ruta de Mérida a Badajoz, y la otra, Talavera de la Reina (entonces Talavera del Tajo), no lo sería hasta el 20 de septiembre. Por otro lado, son los propios partes de Asensio los que nos aclaran que permaneció en Badajoz desde el 14 al 21 de agosto, en que partió para hacia La Roca de la Sierra y otras localidades extremeñas. La semana que permaneció en Badajoz –Yagüe se fue el 18– fueron los días de la represión salvaje contra civiles y militares, si bien entre los días 19 y 21 sabemos que estuvo dirigiendo batidas para cazar a los que intentaban pasar a Portugal. Finalmente hay que señalar que, frente a la teoría de la magistrada de que Asensio estuvo siempre a las órdenes de Yagüe, Asensio volvió a tener el mando de las columnas el 20 de septiembre con motivo de la marcha de Yagüe. En realidad fue jefe de las columnas entre el 2 (salida de Sevilla) y el 11 de agosto (toma de Mérida) y de nuevo el 20 de septiembre hasta su sustitución por Varela.

¿Dónde queda pues aquello de que no se le puede adjudicar ni “un solo acto concreto de represión”, o que estuvo siempre a las órdenes de Yagüe, o que el día 15 se fue a Talavera? Nada de esto se ajusta a la realidad. En última instancia, ¿qué más da que mandara uno u otro? Todos fueron golpistas y todos fueron criminales de guerra con miles de crímenes en su haber que nunca pasaron por la justicia. Y ahora, cuando se pretende eliminar sus nombres del callejero por pura higiene democrática, resulta que la justicia, en este caso la ejercida por la juez-historiadora, los exime de responsabilidad y decide que sus nombres sigan siendo referencia en nuestras ciudades. Y lo mismo ha hecho ya previamente con otras calles, la última dedicada a “El Algabeño”. Sería interesante saber cómo se documenta la magistrada Monreal Díaz para tomar las decisiones que toma. Lo digo porque existe bibliografía suficiente como para saber quiénes eran y qué hicieron individuos como García Carranza “El Algabeño” o Asensio Cabanillas. ¿Qué pinta una juez dirimiendo si Asensio merece o no una calle? ¿Acaso la decisión de dedicársela fue también judicial?

A veces da la sensación de que algunos de los reductos más sólidos del pensamiento reaccionario procedente del franquismo, y digo lo de sólidos por el enorme poder que tienen, se encuentran en el mundo judicial.

viernes, 4 de mayo de 2018

EXPOSICIÓN: ARTURO BAREA. LA VENTANA INGLESA. Biblioteca de Extremadua. BADAJOZ. Del 7 de Mayo de 2018 al 8 de Junio de 2018.




INAUGURACIÓN

de la



EXPOSICIÓN 

ARTURO BAREA. LA VENTANA INGLESA.

Badajoz. Lunes 7 de Mayo de 2018, a las 20 horas. 
BIBLIOTECA DE EXTREMADURA



Entrada libre hasta completar aforo




Inauguración
07/05/2018
(20:00 h)


Fechas de la muestra


Del 07/05/2018 al 08/06/2018

Horario de visita
Lunes a viernes de 9 h a 14 h y de 17 h a 20 h.

Lugar

Biblioteca de Extremadura
Plazuela de Ibn Marwan, s/n
06001 Badajoz (España)



Organizan: CONSEJERÍA DE CULTURA E IGUALDAD DE LA JUNTA DE EXTREMADURA. DIPUTACIÓN DE BADAJOZ. Colaboran: INSTITUTO CERVANTES, y ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX)



La exposición cuenta con un material increíblemente rico con el que reconstruir la vida y obra de Arturo Barea e Ilsa Kulcsar.


Al cumplirse recientemente los 120 años de su nacimiento, y los 60 de su muerte, esta Exposición dedicada al escritor, nacido en Badajoz, Arturo Barea pretende reunir prácticamente todas las ediciones que se han hecho de sus obras. 

Se trata de la primera exposición bibliográfica panorámica sobre la vida y la obra de Arturo Barea (1897-1957), uno de los más leídos escritores del exilio español. Con el título 'Arturo Barea. La ventana inglesa', la muestra incluye todos sus libros en diversos idiomas (43 volúmenes), así como revistas, artículos, cartas y otros objetos, entre ellos su máquina de escribir.

Además y como NOVEDAD, la Biblioteca de Extremadura presenta en esta exposición algunas de las ediciones originales más valiosas de las obras de Arturo Barea que forman parte de los fondos de los que dispone la Biblioteca de Extremadura, por haber pertenecido a su colaboradora Olive Renier, amiga de los Barea en la BBC a partir de 1940, con quien el matrimonio guardó siempre una íntima y perdurable amistad.

Precisamente a Olive Renier van dedicados de forma manuscrita por Arturo Barea y su mujer Ilsa, 4 de los ejemplares de las primeras ediciones en lengua inglesa de los libros que componen la trilogía La forja de un rebelde, que se conservan en esta Biblioteca, y que por vez primera se exponen públicamente por la BIEX.

El hecho de que todos sus libros excepto uno aparecieran primero en inglés (traducidos por su mujer, la austriaca Ilsa Barea), y de que haya títulos del autor que a día de hoy todavía no conocen una edición española, hacen que esta muestra tenga también algo de reflexión sobre las circunstancias del exilio, dramáticas ante todo en lo personal pero también penosas en lo cultural, sin que la posible reparación sea todavía plena.

Se trata de recuperar y reivindicar su memoria y figura, aún no suficientemente conocida en España debido a su exilio de 18 años –hasta su muerte– y al hecho de que todas sus obras, excepto la primera, se publicaron primero en inglés. De ahí el título de la exposición, que se presenta como una ventana inglesa. Todavía hoy, algunos de sus títulos ni siquiera se han editado en español.

Destaca así mismo en la exposición la única grabación que existe con la voz de Barea, una entrevista para una emisora argentina de 12 minutos y datada en mayo de 1956, un año antes de morir. 

Barea trabajó igualmente para el servicio internacional de la BBC británica, emisiones en español, donde fue una de las voces hispánicas más escuchadas. Como periodista y comunicador, Arturo Barea dio un total de 856 charlas literarias entre 1940 y 1957 en la BBC para la sección de América Latina de la emisora bajo el seudónimo de Juan de Castilla.

Esta exposición llega a Badajoz después de estar expuesta en la sede central del INSTITUTO CERVANTES entre el 14/12/2017 al 16/03/2018, en una itinerancia que comienza tras Madrid, en nuestra ciudad de Badajoz y que luego visitará otras ciudades europeas.

The forge, La forja fue publicada en inglés en 1943; y ese mismo año le siguió The Track (La ruta), sobre la guerra colonial en el Marruecos de los años 20, y en 1946 The Clash (La llama), que se centró en la Guerra Civil. Todas las obras de Barea fueron traducidas al inglés por su mujer Ilsa, quien dominaba cinco idiomas, y se editaron en inglés muchos años antes que en español. 

La forja de un rebelde no fue publicado en España hasta 1977, dos años después de la muerte de Franco. Las ediciones publicadas en Argentina y México en los años 50 circularon en España de forma restringida y clandestina, pasando de mano en mano.

En el prefacio a la edición inglesa de La ruta, Barea explicó la razón de ser de la trilogía: «Quería descubrir cómo y por qué he llegado a ser el que soy; quería comprender las fuerzas y las emociones que están detrás de mis sentimientos y acciones actuales. Traté de encontrarlas, no por medio del análisis psicológico, sino evocando las imágenes y las sensaciones que alguna vez vi y sentí, y que más tarde fui absorbiendo y retocando inconscientemente».

En 1944, Barea publicó un estudio pionero, Lorca: the poet and his people (Lorca, el poeta y su pueblo). 

En 1945, le siguió un folleto titulado Spain in the Post-War World (España en el mundo de la posguerra), en el cual abogaba por el derrocamiento del régimen de Franco por parte de los aliados y su sustitución por una república.

En 1951, publica una novela, The Broken Root (La raíz rota), que es un especie de secuela de The Forge, pues trata las consecuencias de la Guerra Civil dentro de España y el dolor del exilio; y en 1952, un pequeño estudio sobre Miguel de Unamuno. Barea, a diferencia de Antolín —el protagonista de la novela, que también tenía pasaporte británico como el autor (se le concedió en 1948)—, nunca regresó a España.

A Barea ciertamente se le conoce sobre todo por La forja de un rebelde (publicado en diez idiomas). Las ventas de Barea entre 1948 y 1952 lo convirtieron en el quinto autor español más traducido del mundo, después de Cervantes, Ortega y Gasset, Lorca y Blasco Ibáñez, según la Unesco.

En 1952 fue invitado por el Pennsylvania State College en Estados Unidos a dar clases de literatura española durante seis meses.
El éxito de sus charlas en la BBC fue tal que la BBC le envió en 1956, un año antes de su muerte, de gira durante cincuenta y seis días por Argentina, Chile y Uruguay, donde dio múltiples conferencias y entrevistas, y asistió a numerosas recepciones y firmas de libros.

Barea murió en Inglaterra el 24 de diciembre de 1957, sin haber vuelto a España, y sin haber vuelto a ver a ninguno de sus cuatro hijos, los que tuvo de su primer matrimonio con Aurelia Grimaldos. Tampoco volvió a ver sus tres hermanos, salvo Concha, que lo visitó en Inglaterra. Su hermano Miguel fue detenido después de acabada la Guerra Civil, acusado de «auxilio a la rebelión», juzgado y condenado a veinte años y un día. Murió en la cárcel de Ocaña (Toledo) en octubre de 1941.




Ficha técnica.



Obra: 43 libros, 4 revistas, 2 artículos, 1 DVD, 3 cartas, 1 radiograma, un audio con la entrevista a Barea en Radio Córdoba (Argentina), un mapa de Madrid con los lugares relevantes de la vida de Barea y su máquina de escribir original.
Autor/a/es/as: VV. AA.
Comisariado: William Chislett (Comisario); Juan Marqués (asesor)
Cronología: Desde 1941 a 2010
Técnica: Varios
Tamaño: Varios formatos
Procedencia: Centro de Estudios Senderianos del Instituto de Estudios Altoaragoneses, William Chislett, Michael Eaude, Pedro Fernández Melero, Juan Marqués, Biblioteca de Extremadura, la Red de Bibliotecas del Instituto Cervantes, Victoria Tierz y otros particulares.


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La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEX),  como entidad colaboradora, recomienda la visita de esta Exposición, por su indudable calidad e interés histórico y bibliográfico.





EXPOSICIÓN 

ARTURO BAREA. LA VENTANA INGLESA.
BIBLIOTECA DE EXTREMADURA
BADAJOZ
Entrada libre
Del 07/Mayo/2018 al 08/Junio/2018
Horario de visita
Lunes a viernes de 9 h a 14 h y de 17 h a 20 h.

domingo, 15 de abril de 2018

LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX), rinde homenaje a MÁRIO NEVES Periodista

LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX), rinde homenaje y tributo, a MÁRIO NEVES Periodista. (1912-1999). EJEMPLO DE REPORTERISMO RIGUROSO Y COMPROMETIDO DEL SIGLO XX. Testigo de la matanza de Badajoz. 










El MARTES 17 DE ABRIL, rendiremos este merecido homenaje a MARIO NEVES en el Salón Noble de la Diputación de Badajoz, a las 19 horas. En el mismo han confirmado su asistencia MARIA EMILIA NEVES, hija del periodista homenajeado y la periodista portuguesa de tv, ANA LUISA RODRIGUES. 



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LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX), rinde homenaje y tributo a: 


MÁRIO NEVES 

Periodista 

EJEMPLO DE REPORTERISMO RIGUROSO Y COMPROMETIDO DEL SIGLO XX 

(1912-1999) 

Testigo de la matanza de Badajoz.

Mario Neves y la gran matanza de Badajoz




Intervienen 


ANA LUISA RODRIGUES 
Periodista 

MARIA EMILIA NEVES 

Hija de Mário Neves 

MOISÉS CAYETANO ROSADO 

Doctor en Historia 



MARTES 17 ABRIL 2018. 19 h. 

Salón Noble 

Diputación de Badajoz 

Calle Obispo de San Juan de Ribera, 6. 

BADAJOZ 

Entrada Libre hasta completar aforo 


ORGANIZA: 

ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX). 

COLABORA: 

ÁREA DE CULTURA DE LA DIPUTACIÓN DE BADAJOZ 



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Este merecido Homenaje a MARIO NEVES, tiene su sentido como tributo a un ejemplo de reporterismo comprometido con el rigor en la información y en la verdad. Mário Neves, en agosto de 1936 un joven periodista, envió desde la frontera de Caya, varias crónicas a Lisboa en las que se hizo eco de la entrada a sangre y fuego de las tropas fascistas en Badajoz a partir del 14 agosto de 1936 al mando del Teniente coronel Yagüe y recogió de primer mano el testimonio de los refugiados que huían de la ciudad. 


Antes del amanecer del día 15 de agosto de 1936, consiguió cruzar la frontera y entrar en Badajoz: «Soy el primer periodista portugués que entra en Badajoz tras la caída de la ciudad en poder de los rebeldes. Acabo de presenciar tal espectáculo de desolación y de pavor que tardará en borrarse de mis ojos”, así comienza su crónica publicada el mismo día 15 (Diário de Lisboa era un periódico vespertino). Suya fue, por tanto, la primera noticia de la masacre hacia la opinión pública internacional: «Estas notas redactadas nerviosamente, no conseguirán dar una pálida idea del espectáculo que han visto mis ojos...». 


Las últimas crónicas de Neves, fueron ya censuradas por las autoridades portuguesas, afines de los rebeldes fascistas, dado el impacto y difusión que estaban causando a nivel internacional. 


Las crónicas de Mario Neves, por tanto, pusieron de manifiesto una de las primeras evidencias ante el mundo, de la política de exterminio de los adversarios políticos programado por los militares golpistas. No en vano, Badajoz quizás sea la ciudad española en la que, en relación con su población, un mayor número de personas fueran asesinadas a consecuencia del golpe militar y de la masacre realizada tras su ocupación en agosto de 1936. 


No hay nada comparable al relato del testigo presente en los hechos, aunque el noble oficio de la prensa lleve a veces el estigma de la crítica y la maldición del olvido. 

Este acto recuerda la figura y las crónicas de unos de los grandes maestros del periodismo internacional del siglo XX, MARIO NEVES. 

La ARMHEX rinde pues homenaje a este periodista comprometido, ejemplo de verdadero y riguroso reporterismo de guerra en el siglo XX. 







Este ACTO DE HOMENAJE a la figura de MARIO NEVES del dia 17 de abril, será seguido en la misma semana del estreno absoluto de la obra musical DISPAROS DE LUZ del músico y Director director del Conservatorio Profesional de Música “Esteban Sánchez” de Mérida, José Ignacio de la Peña, por la Orquesta de Extremadura y el Coro de Cámara, el siguiente jueves 19 de abril de 2018, en el Palacio de Congresos incluido dentro el programa del Concierto de abono de la OEX correspondiente a dicho día. La citada obra que es un homenaje a las víctimas de la represión franquista y un proyecto que trata de poner también un foco a la Memoria Histórica, habiendo colaborado igualmente por expreso deseo de su autor la ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX). 



La obra alude a los trágicos sucesos represivos acaecidos en Badajoz en 1936. De hecho, el propio título general de la obra proclama su contenido: Disparos de Luz. En memoria de las víctimas de la represión franquista. Badajoz 1936-2018*. 

* Obra encargo de la Orquesta de Extremadura patrocinado por la AEOS y la Fundación SGAE. Estreno absoluto 




La instrumentación es para orquesta sinfónica a dos, más la incorporación del clarinete bajo, el piccolo, el trombón bajo y la tuba. Asimismo, se complementa con la aportación del coro de Cámara de Extremadura, el cual, dirigido por la reconocida Amaya Añúa, posee un relevante papel en la obra. 

En efecto, las voces cantan un texto del poeta extremeño Antonio Gómez intercalado con frases escritas por el periodista portugués Mário Neves presente en los trágicos hechos acaecidos y responsable de la difusión internacional de los mismos. De este modo, la emoción de aquel suceso queda así perfectamente reflejada. 



ADEMÁS, durante el día del estreno 19 de abril de 2018, en el HALL del PALACIO DE CONGRESOS de BADAJOZ se podrá visitar la Exposición TRAS LAS HUELLAS DE LA MEMORIA 1936-2018, organizada y promovida por la ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DE EXTREMADURA (ARMHEX), compuesta de una serie de paneles monográficos con abundante material gráfico e informativo, en los que se hará una especial referencia al papel de las crónicas del periodista MARIO NEVES, sobre la matanza de Badajoz.




domingo, 11 de marzo de 2018

MI ABUELO…ALLÁ EN LA MINA




Amado Viera Amores




Mina Terría. Fosa de la finca Cuadrillas de Arriba (Valencia de Alcántara).

MI ABUELO…ALLÁ EN LA MINA.

No, mi abuelo no fue picador allá en la mina.

Amado Viera Amores era un joven y prometedor abogado de tan sólo 33 años, un hombre familiar, un intelectual comprometido con los problemas de su época, que desde los 23 años publicaba ensayos sobre la Educación, el Agro español, las Desigualdades sociales, etc, y un denso y apasionado poemario, y era el legítimo Alcalde de Valencia de Alcántara (Cáceres) cuando el 25 de septiembre de 1936 la envidia y la ambición despiadadas de otros y el rencor de quienes le suponían un desertor de su clase social, le arrancaron de los brazos de su familia, le asesinaron de un tiro en la sien y le arrojaron a la mina de la finca de Cuadrillas de Arriba, cubriéndolo de cal viva.


Desde febrero de 2018 celebramos la exhumación de 48 hombres, localizados en esa mina siguiendo los testimonios que nos han sido transmitido durante este largo tiempo de “paciencia generacional” que ha durado mas de 81 años. (Queden para otras líneas mis agradecimientos a cuántos han colaborado en su recuperación, segura de que sabrán perdonarme la espera).


Ahora sus familias vivimos con enorme emoción este momento histórico en que, aunque falta recorrer el final del camino que lleva a su completa identificación, consideramos que estamos cumpliendo con la deuda, casi centenaria, para con estos 48 hombres, deuda que exige comprobar dónde y cómo les asesinaron (¡nada importaron nunca los nombres de los delincuentes que lo ordenaron y lo hicieron!), devolverles su Historia y su Dignidad y entregarle sus restos a sus familias, ya sea simbólicamente.


En definitiva, es tiempo de cumplir con aquéllas máximas que hace unos 15 años me enseñara mi amigo José Manuel Corbacho (Presidente de la ARMHEX, a la que pertenece la familia Viera), es tiempo de Verdad, Justicia y Reparación.
¡Siempre con nosotros!.


Fdo. Belén Viera.
Nieta de Amado Viera Amores.
11-03-2018.








NOTA de la ARMHEX:

Uno de los muchos casos de extremeños desaparecidos, es el caso de AMADO VIERA AMORES (en la foto), Abogado, Alcalde republicano, de Valencia de Alcántara (Cáceres) en 1936. Nació en Ceclavín (Cáceres), el 11 de octubre de 1902. Estudió Derecho en la Universidad de Salamanca y ejerció la abogacía en la provincia de Cáceres, viviendo en Valencia de Alcántara, en dónde se casó y tuvo dos hijos, una de ellas es CONCHITA VIERA, miembro de nuestra asociación e infatigable luchadora por dignificar la memoria de su padre, así como del resto de las víctimas del franquismo, durante muchos años.

Amado Viera Amores, fue un hombre estudioso y reflexivo, desde muy pronto sintió gran preocupación por los problemas sociales de la época, dejando reflejadas sus ideas en numerosos artículos y escritos en la prensa local y regional de época, especialmente sobre la cuestión agraria, la religión o la educación en España. Ideas de progreso, que le hicieron ingresar en el sindicato socialista “El Redentor” del que fue presidente por dos veces y, asimismo, en las Juventudes Socialistas, al mismo tiempo que colaboró activamente en la construcción de la Casa del Pueblo de la localidad. Bajo las siglas del partido socialista, accedió democráticamente a la alcaldía de Valencia de Alcántara en febrero de 1936, siendo el último alcalde democrático de Valencia de Alcántara, hasta que en la transición democrática, en pleno 1979, se llevaron a efecto elecciones municipales.


Tras el golpe militar en 1936, fue detenido el 25 de septiembre de 1936 (fecha de la que pronto se cumplirán 81 años), en su domicilio por varios falangistas, y requerido para que les acompañase a la Inspección de Policía, a la puerta de la cual le hicieron subir a un coche con rumbo desconocido, siendo público y notorio en el pueblo su asesinato ese mismo día, junto a otros hombres, en la mina de la finca de "Cuadrillas de Arriba" ahora exhumada del mismo término municipal de Valencia de Alcántara, en la que arrojaron sus cuerpos, según contrastadas investigaciones historiográficas. (Mina Terría, una antigua y en desuso Mina de Wolframio, utilizada por los golpistas a partir de 1936 para ocultar sus crímenes y arrojar los cuerpos de los republicanos detenidos y asesinados de la comarca durante la represión)

Tanto durante los días previos a su “paseo” (asesinato), como mientras se lo llevaban, Amado Viera Amores, llamó a sus conciudadanos a mantener la calma y la convivencia pacífica. No llegó a cumplir los 34 años de edad.





domingo, 18 de febrero de 2018

ANTONIO CUÉLLAR GRAGERA Y EL "CABALLERO" ERNEST MOERL



ESCLARECEDOR E INTERESANTE ARTÍCULO DEL HISTORIADOR FRANCISCO ESPINOSA, sobre ANTONIO CUELLAR GRAGERA.

Un extracto:

" No estamos ante un abogado defendiendo a un cliente, sino ante un abogado integrado como otros muchos en el aparato jurídico militar golpista y al servicio de la represión desatada por un salvaje golpe de estado. No vaya a creerse que su actuación dentro de la maquinaria judicial militar se limitó a este caso. Por otra parte, con tan peculiar escrito, Cuéllar Gragera justificó el uso de los ilegales bandos de guerra con los que los sublevados venían funcionando; el crimen que acabó con Manuel Meléndez Quintana, quien pese a no haber cometido delito alguno era, según él, un “sujeto que debía de ser fusilado”, y, por encima de todo, la actuación de un nazi desquiciado y asesino al que, al mismo tiempo que pintaba a la víctima como un “sujeto de pésimos antecedentes”, convirtió en un militar obediente a sus superiores por más que se sospechase que ni era alemán ni era militar".

"La actividad represiva judicial militar adquirió tal dimensión en poco tiempo que las oficinas jurídico militares se abrieron a la colaboración civil. Viendo los procesos celebrados en el suroeste se percibe claramente la presencia de conocidos apellidos que ofrecieron sus servicios a los golpistas. Fueron miles de abogados en todo el país los que se integraron en la maquinaria judicial militar. Posteriormente fueron beneficiados por la dictadura y ocuparon cargos importantes en la estructura judicial o en política. Luego, en general, borraron de su currículum esa etapa de sus vidas, de manera que si no se consultan los sumarios no hay modo de saber qué papel jugaron en la trama. En definitiva, para todos ellos, en la situación creada por el golpe militar carecía de importancia si lo que se dictaba era justo o no; lo importante era la eficacia y ejemplaridad de las sentencias. De ahí que en aquella farsa, enteramente ajena al concepto de justicia, las directrices represivas fueran adaptándose a las necesidades de cada momento".

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ANTONIO CUÉLLAR GRAGERA Y EL "CABALLERO" ERNEST MOERL


Hace solo unos días, con la cuestión de fondo de la revisión de los vestigios franquistas, se aludía en el Hoy de Badajoz a la confusión habida entre Julián Cuéllar González, militar y presidente de Diputación de Badajoz durante la dictadura de Primo de Rivera, y su hijo Antonio Cuéllar Gragera, del que sabemos que realizó estudios de Derecho en Madrid y fue militar, decano del Colegio de Abogados de Badajoz, vicepresidente de la Unión Internacional de Abogados y vicecónsul de Portugal. Efectivamente el error provino de una publicación sobre genealogía en la que se adjudicaba al hijo el cargo del padre en Diputación. No obstante, el nombre del abogado me trajo a la memoria una de esas historias relacionadas con el golpe militar del 36 que puede ser interesante recordar.

Un nazi en Mérida

Unas semanas después de que la columna de la muerte hubiera pasado por Mérida, Ernest Moerl, ingeniero químico de profesión de dudosa nacionalidad, fue designado instructor de milicias de Falange en esa ciudad por Fernando Calzadilla siguiendo el consejo del jefe territorial José Luna y, como tal, se puso a disposición del comandante militar de dicha ciudad, Bartolomé Guerrero Benítez. Además de esta tarea Moerl mostró pronto dotes especiales para conseguir fondos y materiales diversos para la causa golpista. En Almendralejo, por ejemplo, no habían podido olvidar la visita que hizo para conseguir vehículos. Con la ayuda de la Guardia Civil, reunió a propietarios locales, remisos en principio a entregarlos, y al rato tenía delante dieciocho coches y ocho camiones. Lo que la gestora municipal no había conseguido en semanas lo consiguió él en una hora limitándose a llamar la atención a su estilo “sobre las obligaciones para con la Patria”. Y además, como la recaudación para el Ejército y Falange fuese escasa en dicha localidad, se comprometió a volver lo más pronto posible. Todo esto ocurría el 18 de septiembre de 1936.

Ese mismo día, todavía en Almendralejo y en un episodio un tanto oscuro, Moerl aceptó llevarse consigo para entregarlo a la Falange de Mérida, a alguien llamado Manuel Meléndez Quintana, camarero de 36 años, casado, al servicio de Falange y cuyo padre había sido asesinado por los militares la noche anterior. Su reacción preocupaba a los mandos y, al tratarse de un falangista, el comandante de Infantería retirado Francisco Blanco decidió que el asunto se dirimiese en Mérida. De modo que para allá salieron el coche de Moerl, el de los falangistas con Meléndez y los veintiséis vehículos requisados. Pero, al pasar por el cementerio, Moerl ordenó detener la caravana, sacó al detenido, lo colocó frente al muro y ordenó a los falangistas que lo mataran, tras lo cual les dijo que volvieran al pueblo y él siguió la marcha a Mérida. Este fue el motivo por el que, una vez que los falangistas contaron lo ocurrido, se abrieron diligencias en Mérida para las que se designó como juez al comandante retirado Enrique López Llinas y como instructor al capitán de la Guardia Civil Luis Alguacil Cobos.

En realidad Ernest Moerl, “alemán étnico”, procedía de Aussig, zona enclavada en los Sudetes checos que en 1938 sería anexionada por Alemania, y formaba parte de las redes nazis que en los meses anteriores al golpe militar anduvieron realizando servicios varios para los consulados alemanes en España. Antes de llegar a Mérida había pasado por Galicia, León, Valladolid y Cáceres. Conocía bien el idioma y se movía entre los golpistas como pez en el agua. Decía ser teniente del ejército alemán y que su decisión de ponerse a las órdenes primero del Ejército y luego de Falange tenía por objetivo “limpiar España de comunistas, único medio de salvar la Nación”. Cuando el instructor le preguntó por qué había dado orden de matar a Meléndez dijo simplemente que le aplicó “el decreto de guerra” porque la Guardia Civil le había advertido de lo peligroso que era. Ocurría sin embargo que, aunque los militares valoraban su patriotismo pese a la brusquedad de su carácter, no llevaban bien que nadie les arrebatase el control de la violencia. Para ellos el problema no era que Meléndez Quintana hubiera sido asesinado sino que tal cosa hubiese ocurrido fuera de su control. No obstante, dadas las circunstancias especiales del caso, que no son otras que se trataba de un nazi al servicio de la Causa, el instructor militar Alguacil Cobos apreció “un amor muy grande del referido alemán a la causa que defendemos” y, con inusitada rapidez, el mismo día 18 aconsejó al auditor su puesta en libertad.

Un crimen rutinario

Pero como solía pasar en estas pantomimas seudojudiciales, al día siguiente, el comandante militar de Badajoz Eduardo Cañizares Navarro decidió, por algún motivo no aclarado, que la instrucción de la causa la llevase directamente el comandante López Llinas, juez eventual de Badajoz. Fue entonces cuando Falange, a través de Arcadio Carrasco Fernández-Blanco, jefe provincial, entregó la información instruida por él mismo sobre los violentos procedimientos de Moerl, los cuales debían de descolocar bastante a los falangistas, que se veían tratados con el mismo desprecio y agresividad que ellos aplicaban a los obreros e izquierdistas. Carrasco recogió testimonios de algunos de los que habían tenido que entregar vehículos, entre ellos uno al que el nazi había golpeado y zarandeado, y también de los falangistas a los que había ordenado asesinar a Manuel Meléndez. Trató a todos de manera grosera e incluso los amenazó con purgarlos. Cuando se presentó alguien de la gestora municipal para darle su punto de vista le dijo que “qué gestora ni qué mierda”. También se incorporaron ahora las diligencias practicadas por el comandante Francisco Blanco relativas a la documentación de Moerl, entre otras la felicitación personal del comandante Bartolomé Guerrero Benítez por las tareas realizadas.

Para justificar el crimen, unos y otros se inventaron que Manuel Meléndez, al saber que su padre había sido asesinado, había dicho que si tal cosa ocurría “cortaría cabezas”. Antes de que fuera entregado al nazi, Carrasco pudo hablar también con el propio Meléndez Quintana, quien afirmó que cuando dijo lo de cortar cabezas no pensaba en Almendralejo sino en el frente. De otras declaraciones se extrae que Moerl usaba látigo y que a un corresponsal de Hoy que quiso entrevistarlo le espetó que como lo mencionara le daba un purgante. En conclusión, “sembró el terror entre los elementos de orden de la población…”. Y esto lo decía Esteban Peralta Barquero, que era, además de pariente del miembro de la gestora Juan Merino, el que había ordenado a los falangistas conducir al detenido a Mérida.

Era evidente que militares y falangistas tenían diferente opinión sobre Moerl. De hecho, Arcadio Carrasco informó que, además de violento, se trataba de un alcohólico, poniendo el ejemplo de que para la gestión que realizó en Almendralejo montó su oficina en un bar. De paso, también lo relacionó con la matanza fascista de veintisiete personas realizada el 14 de septiembre en Torremejía, localidad situada entre Mérida y Almendralejo, sin mencionar que dicha matanza fue decidida por un tribunal formado por un guardia civil y algunos falangistas de Mérida. Frente a estas acusaciones el nazi declaró que sus posibles faltas solo “se pueden atribuir a mi carácter alemán” y respecto a lo ocurrido en Torremejía dijo que se limitó a acompañar a los de tribunal. Indagaciones posteriores aclararon que sus componentes principales, además del guardia civil, fueron Ángel Pacheco Hernández, secretario local de Falange en Mérida; Ramón Pacheco García, que luego pasaría al Requeté, y el también falangista Ángel Fernández Domínguez. Estas indagaciones también sirvieron para explicar que la tarea de Moerl en la matanza de Torremejía fue la de asesor del “tribunal”.

Un defensor para Moerl

Para entonces Ernest Moerl, que llegó a enviar varias cartas a la Auditoría solicitando su libertad, ya había ingresado en prisión. Por su parte el instructor López Llinas mantuvo en su informe la misma línea que su antecesor: el asesinato de Meléndez Quintana estaba justificado y el nazi había demostrado “su gran amor a España”. Sin embargo, según auto del 11 de noviembre de 1936, se decidió el procesamiento del alemán por el delito de asesinato, decretando su permanencia en la Prisión Provincial. De nuevo, en declaración indagatoria, se reafirmó en lo dicho: todo lo hizo “por la causa de España”. Un día después Moerl, ante una lista de personal jurídico-militar que podía hacerse cargo de su defensa, eligió al alférez de complemento Antonio Cuéllar Gragera.

Conviene en este momento recordar algunas de las extorsiones para obtener fondos en las que intervino Moerl durante su estancia en Mérida, dadas a conocer por la Comisaría de Vigilancia de Salamanca, que realizó un informe sobre ello en junio de 1937. Veamos tres casos. A los hermanos Ángel y Luis López Ramírez, vecinos de Arroyo de San Serván, los maltrató y los obligó a tomar ricino en la plaza del pueblo, tras lo cual los abofeteó y se los llevó a la prisión de Mérida; al banquero Pablo Lesmes García lo purgó igualmente hasta sacarle 50.000 pesetas, y al propietario Juan Bautista Saussol lo maltrató, lo purgó y le exigió otras 50.000 pesetas. En otros casos también practicó rapados de cabello. Falange, pese a que el nazi no siempre justificaba las cantidades que entregaba y por más que imaginaba que no las entregaba completas, lo consideró valioso por su eficacia recaudadora y justificó su actuación hasta que, además de amedrentar a los derechistas adinerados, comenzó a dar idéntico trato a los propios falangistas.

El mencionado Saussol lo denunció al comandante militar Bartolomé Guerrero tras su paso por el casino de Mérida, donde estaba situada la siniestra sede de Falange y se encontraba la oficina de Moerl. Según sabemos por el ex ministro Alberto Oliart, nieto de Saussol, a este le molestó la petición del nazi porque ya había dado la considerable cantidad de 350.000 pesetas (equivalentes hoy a algo más de siete millones de euros) a Castejón en concepto de “contribución voluntaria”. El recuerdo que de esto quedó en la familia, como puede leerse en las memorias de Oliart ( Contra el olvido, Tusquets, 1998, p. 75), fue que, tras la denuncia de Saussol, la autoridad militar ordenó la detención de Moerl, que acabó fusilado por sentencia de consejo de guerra. Así pues todos felices: Saussol por la eficacia de su denuncia, la familia por el valor del abuelo, los militares por su buena imagen y los demás afectados por comprobar que la justicia funcionaba.

Pero la realidad no fue esa. Cuéllar Gragera envió el día 14 de noviembre un escrito al Juzgado de Instrucción militar solicitando la recusación del auto de procesamiento en base a que “no existían indicios racionales de criminalidad”. Para él, “el teniente Moerl” actuó “en virtud de obediencia debida”, por lo que quedaba fuera de toda responsabilidad. Daban igual las declaraciones anteriores de militares, guardias civiles y falangistas en el sentido de que lo que se le dijo es que lo trasladara a Mérida y no que lo mataran, para lo cual se le hizo firmar previamente un recibo.

Aunque el supuesto testigo que escuchó la amenaza de Meléndez en el sentido de “cortar cabezas” entre los responsables de la muerte del padre nunca apareció en la causa, Cuéllar repitió nuevamente la historia justificando la entrega de aquel a Moerl y la decisión de este. También destacó en su favor que, además de miembro del ejército alemán, pertenecía al partido nazi desde 1923 y que su actuación había sido brillante allí por donde pasó. Cuando se refirió a Manuel Meléndez Quintana omitió que cuando ocurrieron los hechos estaba al servicio de Falange. La parte clave de su escrito es esta:

El proceder de mi defendido fue ajustado en todo momento a las leyes de la Guerra y podemos afirmar que si fuera a formarse un sumario por cada caso idéntico al actual serían precisas enormes montañas de papel para contener las diligencias. La guerra actual es una cruzada por la civilización, y las leyes por las que se rige son las terminantemente consignadas en los Bandos de nuestras Autoridades Militares y a ellos hay que atenerse poniendo sobre todo y ante todo la salvación de nuestra Augusta Patria, a la que honran defendiéndola caballeros como el ingeniero Moerl, que no merece que sobre él pese una acusación como la que se contiene en el auto de procesamiento.

No estamos ante un abogado defendiendo a un cliente, sino ante un abogado integrado como otros muchos en el aparato jurídico militar golpista y al servicio de la represión desatada por un salvaje golpe de estado. No vaya a creerse que su actuación dentro de la maquinaria judicial militar se limitó a este caso. Por otra parte, con tan peculiar escrito, Cuéllar Gragera justificó el uso de los ilegales bandos de guerra con los que los sublevados venían funcionando; el crimen que acabó con Manuel Meléndez Quintana, quien pese a no haber cometido delito alguno era, según él, un “sujeto que debía de ser fusilado”, y, por encima de todo, la actuación de un nazi desquiciado y asesino al que, al mismo tiempo que pintaba a la víctima como un “sujeto de pésimos antecedentes”, convirtió en un militar obediente a sus superiores por más que se sospechase que ni era alemán ni era militar.

Para el “caballero” Moerl –se leía en el escrito– España es “su segunda Patria y quiere con su personal esfuerzo ayudarla a salvarse del marxismo”. Unos días después el temible auditor Bohórquez, en una decisión que demuestra los intereses superiores de este caso, accedía a lo solicitado por Cuéllar Gragera y Moerl era puesto en libertad. Todo ello con el visto bueno de Queipo. Habían pasado tres meses desde que tuvieron lugar los hechos.

Final con premio

La actividad represiva judicial militar adquirió tal dimensión en poco tiempo que las oficinas jurídico militares se abrieron a la colaboración civil. Viendo los procesos celebrados en el suroeste se percibe claramente la presencia de conocidos apellidos que ofrecieron sus servicios a los golpistas. Fueron miles de abogados en todo el país los que se integraron en la maquinaria judicial militar. Posteriormente fueron beneficiados por la dictadura y ocuparon cargos importantes en la estructura judicial o en política. Luego, en general, borraron de su currículum esa etapa de sus vidas, de manera que si no se consultan los sumarios no hay modo de saber qué papel jugaron en la trama. En definitiva, para todos ellos, en la situación creada por el golpe militar carecía de importancia si lo que se dictaba era justo o no; lo importante era la eficacia y ejemplaridad de las sentencias. De ahí que en aquella farsa, enteramente ajena al concepto de justicia, las directrices represivas fueran adaptándose a las necesidades de cada momento.

La inscripción de Manuel Meléndez Quintana en los libros de fallecimiento del Juzgado de Almendralejo, prescrita por ley, sigue aún pendiente. Su condición es la de desaparecido, en la acepción latinoamericana del término. Su padre, Gil Meléndez Rodrigo, mozo de equipaje, fue asesinado a las 5 horas del 17 de septiembre de 1936 e inscrito cinco meses después en el registro civil.

Desde 1976 el Colegio de Abogados de Badajoz concede un premio anual que lleva el nombre de Antonio Cuéllar Gragera.

Nota final: Ignoramos el tiempo que permaneció Moerl en España, si bien en el informe aludido consta que tras ser puesto en libertad pasó a Salamanca. Cabe suponer que se encontraría en su salsa a su regreso a la Alemania que ya había iniciado el camino hacia el Reich de los Mil Años. Gracias a las pesquisas de Eva Fernández sabemos que en 1945 fue expulsado de Aussig, estableciéndose en Stuttgart y que falleció en 1981 a la edad de 78, lo que significa que cuando estuvo en Mérida tenía 33 años y no los 42 que declaró.



Francisco Espinosa Maestre. Historiador
16/02/2018